oct 122013
 

Muy buena cuestión y no tan sencilla de responder pero si muy importante, pues de todos los factores que afectan al éxito de tener una planta en perfecto estado, vigorosa y sana, sin duda el más importante (pero no el único) es su ubicación. Y cuando decimos ubicación nos referimos evidentemente a dónde la colocamos, pero ello implica su ubicación, que orientación va a tener, que cantidad de luz, temperatura, humedad, ventilación, etc.

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Ubicación. Es muy importante conocer las necesidades que tiene cada planta en cuanto al lugar que debe ocupar y si disponemos del entorno adecuado para ella. Esto es, si se adapta bien a condiciones interiores probablemente con poca ventilación y cierta falta de luz o si requieren estar en exterior. En el entorno de las palmeras, algunas requieren una exposición directa al sol para que puedan desarrollar toda su belleza, como es el caso de la braeha armata, mientras que otras como la howea fosteriana resultan de mayor belleza cuando están en interiores en estadios jóvenes, si bien cuando se aclimatan a exteriores su desarrollo y belleza es mucho mayor. Sin embargo el hecho de estar en exterior o interior tiene principalmente unas connotaciones de temperatura. Hay muchas plantas y palmeras que no resisten heladas por lo que si estamos en un clima donde en el invierno pueden darse algunas heladas, aunque sean ocasionales, pueden acabar con ellas. Otras sin embargo prefieren estar al exterior pero protegidas de vientos, por lo que son ideales para patios interiores. Es por tanto muy importante conocer de antemano la resistencia al frío que tiene cada una de nuestras plantas y sus necesidades de insolación.

Orientación. A las plantas en general y a las palmeras en particular, no sólo la agradecen, sino que necesitan mucha luz, especialmente en la época del año de más calor que es cuando tienen un mayor desarrollo. Por eso es importante colocar las plantas próximas a las ventanas y preferentemente en orientación sur, ya que de esta manera, recibirán muchas más horas de sol directo. Sin embargo no todas las plantas necesitan sol directo e incluso puede llegar a ser perjudicial para ellas. Por ejemplo una howea fosteriana (kentia) joven sometida a luz directa dará como resultado la quemazón de sus hojas, al menos hasta que con el tiempo se aclimate. La mayoría de palmeras necesitan bastante luz, por lo que no es aconsejable ponerlas en orientaciones norte donde la falta de sol y por tanto menor cantidad de luz hará que su desarrollo no sea el adecuado.

Luz. ¿Intensa, difusa o suave? Cada planta tiene unas necesidades de luz y de sol directo. En el caso de las palmeras prácticamente todas requieren estar ubicadas con mucha luz y preferentemente con luz directa, aunque no todas responden a este patrón. Por ejemplo, las que tiene la hoja de color verde azulado como Braeha Armara, Nannorrophs Ritchiana Silver, Bismarkia Nobilis, etc., si deben estar al sol si queremos que desarrollen ese característico color azulado. En el resto de los casos preferentemente al sol, aunque cuando las palmeras son jóvenes no es conveniente que estén expuestas todo el día al sol.

Temperatura. Las plantas necesitan una temperatura mínima para sobrevivir y unas temperaturas cálidas para poder desarrollarse adecuadamente. Esta limitación la tienen más las plantas que situamos al exterior, ya que las de interior lo normal que su temperatura oscile entre los 20 y 25 grados a lo largo del año. En cambio las de exterior dependiendo de la zona tendrán que soportar temperaturas bajo cero. En ese caso lo recomendable es buscar especies que soporten como mínimo unos grados menos que la temperatura más baja que se pueda registrar. Por ejemplo en zonas costeras  deberían plantarse en intemperie y sin protección palmeras que soporten al menos 5 ó 6 grados bajo cero ya que en ocasiones se pueden llegar a alcanzar esas temperaturas. De mismo modo en interior deberían plantarse palmeras con una resistencia de al menos 10 ó 12 grados bajo cero e incluso más bajo, dependiendo del lugar.

Humedad. Esto afecta sobre todo las plantas de interior donde los ambientes suelen ser más secos por motivo de aires acondicionados y calefacciones y cuando las especies requieren mayor humedad no queda más remedio que humectar la planta periódicamente con un pulverizador, o bien instalando un humectador que eleve la humedad relativa de la vivienda. Hay que tener la precaución de no pulverizar ni mojar con agua las plantas que se encuentren en floración. No obstante, con una humedad en torno al 50% es suficiente para la mayoría de las plantas.

 

 

may 092013
 

Ya comentamos en otro artículo las ventajas e inconvenientes de los sistemas de autoriego, y una de ellas era el sobre regado de la planta.

Todas las macetas tienen unos testigos con el máximo nivel de agua que se ha de añadir. Sin embargo ya sea por descuido o por tener situada la maceta en exterior sin cubierta que la proteja, se pueden producir excesos en el agua de riego. Hay especies vegetales que aguantan sin problemas encharcamiento en las raíces, pero otras como las palmeras, requieren normalmente de sustratos bien drenados. Por tanto no les gusta nada el encharcamiento de su sistema raticular.

Los descuidos vienen provocados principalmente por regar la planta de manera convencional en vez de utilizar el tubo de riego. Lo que suele suceder es que echamos agua, comprobamos inmediatamente el nivel del agua en el tubo y como no se eleva seguimos echando más y más. En función de la densidad del sustrato, el drenaje hacia la parte baja de la maceta puede ser más o menos rápido, por lo que si nuestro sustrato es muy denso y por tanto, lento en el drenaje, probablemente pasarán algunos minutos antes de que todo el exceso del agua que no retenga el sustrato baje al depósito de agua. Por ello y como norma general, es conveniente echar una parte del agua que consideremos razonable, esperar unos minutos y verificar el nivel para seguir añadiendo, si procede, más agua a la maceta.

El tener la maceta al exterior puede provocar, después de lluvias relativamente intensas, que se llene el depósito de la maceta más allá del límite máximo y por tanto encharque parte del sustrato de la planta.

En cualquier caso la solución es relativamente sencilla. En primer lugar debemos retirar el testigo de nivel de agua del tubo de riego. Una vez liberado el tubo, introduciremos en él un tubito de plástico transparente flexible hasta el fondo  de la maceta. Este tubito debe ser al menos el doble de largo que la altura de la maceta.  A continuación aspiraremos el agua por el tubo de plástico transparente hasta que lo veamos salir de la maceta (utilizar un tubo opaco no permitiría visualizar el nivel del agua absorbida y correríamos el riesgo de ingerirla).

 

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Ejemplo de extracción de agua con tubo de plastico transparente

Una vez el nivel del agua ha sobrepasado el nivel superior de la maceta, tapamos con el dedo índice el extremo por el que estamos absorbiendo y lo llevamos sin destaparlo hasta el nivel inferior de la maceta. A continuación soltamos el dedo destapamos el tubito. Lo que se produce en este momento es  lo que técnicamente se conoce como el principio de los vasos comunicantes por el que el líquido que está dentro de la maceta saldrá por el tubito trasparente hasta un recipiente que habremos preparado para evitar derramar el agua en el suelo. Por este motivo es necesario que el tubito que introducimos en el depósito de la maceta tenga al menos el doble de su altura ya que lo tenemos que llevar por dentro hasta el fondo de la maceta y por fuera también para que se produzca el efecto de vaciado.

Es recomendable vaciar totalmente el depósito de la maceta, ya que al igual que comentábamos anteriormente sobre la velocidad con la que el sustrato drena, es posible que si éste tuviera mucho agua acumulada, después de vaciar el depósito completamente todavía se rellene parcialmente como consecuencia de dicho drenaje.

Después de esta operación, es conveniente dejar tiempo hasta volver a regar para que se libere progresivamente la humedad acumulada dentro de la maceta.