ene 022014
 

Estos tratatamientos se basan en la aplicación de productos fitosanitarios, tales como insecticidas, fungicidas, acaricidas, etc., que están compuestos de diferentes principios activos que combaten el amplio abanico de enfermedades que tienen las plantas.

Conviene destacar que para cada tipo de parásito hay una relación extensa de principios activos que los combaten. Sin embargo la oferta en el mercado se multiplica ya que cada marca comercial saca al mercado su producto con uno o varios principios activos para combartir uno o varios parásitos con el mismo producto. Conviente por tanto tener este concepto claro para no marearnos entre tanta oferta de productos fitosanitarios. Por otro lado tampoco hay que tener un producto para cada tratamiento, sino que será suficiente con uno o dos fungicidas y otros tantos insecticidas que cubran el espectro de posibles enfermedades. De esta manera al ir alternándolos evitaremos resistencias de las plagas.

Con respecto a los fungicidas, hay que tener en cuenta que además de atacar la plaga, si están hechos a base de cobre o de fósforo, también servirán como elemento nutricional para la planta, vigorizándola y reverdeciendola en el caso del cobre, y fortaliciendo las raíces en el caso del fósforo.

A continuación presentamos una tabla con los principales principios activos contra insectos que están entre los más utilizados, pero está lejos de ser una lista exhaustiva.

Es importante identificar el producto más adecuado contra la plaga que queremos combatir y respetar la dosificación que indica el fabricante, ya que una menor dosis haría el tratamiento poco efectivo y una dosis superior podría afectar al desarrollo de la planta además de crear resistencias en la plaga a medio y largo plazo.

Como referencia nosotros utiliamos como tratamiento preventivo insecticida de aplicación en nuestros viveros compuestos principalmente por palmeras, el clorpirifos 48 e Imidacloprid con aplicaciones mensuales alternas desde la primavera hasta el final del otoño con un máximo de 4 aplicaciones de Imidacloprid, según establece la normativa vigente.

tabla insecticidas palmspace

 

ene 022014
 

Al igual que todos nosotros, las plantas son seres vivos y como tales, aunque no nos guste, también se ponen enfermas. De hecho lo hacen con más frecuencia de la que nos gustaría, principalmente por falta de prevención. Como no pueden hablar y en general desconocemos que les puede pasar, muchas veces simplemente van enfermando cada vez más hasta que mueren o directamente las tiramos en vez de tratar de salvarlas. El motivo, no sabemos. Este artículo pretende dar un poco de luz al respecto para que la próxima vez que veas como una de tus plantas le pasa “algo”, al menos tengas unas pautas de cómo identificar lo que le pasa y tratar de poner remedio.

Las tres causas principales por las que las plantas se deterioran y enferman son:

  • Por plagas de insectos y otro tipo de parásitos
  • Por enfermedades producidas por hongos, bacterias o virus
  • Por causas ambientales o fisiológicas, principalmente debido a fallos en su cuidado o en su nutrición

Sin pretender ser una relación exhaustiva, ya que existen publicaciones especializadas que sí profundizan mucho más en la identificación de patologías, a continuación vamos a relacionar una serie de alteraciones generales que se dan con mayor frecuencia en plantas, si bien a veces puede ser difícil detectar el síntoma ya que éste puede deberse a una combinación de diferentes causas.

No obstante y dada la sensibilidad creciente hacia las plagas de las palmeras, dedicamos un artículo específico para las enfermedades y plagas más específicas de las palmeras.

Síntomas consecuencia de plagas de insectos y otro tipo de parásitos:

  • Galerías o minas -> larvas minadoras
  • Hojas con agallas o escrecencias -> insectos
  • Masas algodonosas pegajosas -> cochinillas
  • Mordeduras redondas o irregulares -> orugas, caracoles, saltamontes o escarabajos
  • Tallos cortados por el cuello o mordidos -> gusanos
  • Raices cortadas o roídas -> larvas de insectos

 

Síntomas consecuencia de hongos, bacterias o virus:

  • Manchas negras o rojizas, generalmente redondas u ovaladas -> hongos
  • Manchas amarillas y vellosidad blanco-grisácea en el envés de las hojas -> Mildiu
  • Pústulas blancas  -> Albugos
  • Hojas marrones que se van secando progresivamente -> hongos
  • Cuello o base del tronco ennegrecido ->hongos
  • Tallo en putrefacción con moho gris o blanco ->hongos
  • Raices negras ->hongos

 

Síntomas debido a fallos en el cuidado o en la nutrición de palmeras y plantas:

  • Planta marchita y hojas con la punta y el borde secos -> presencia de sales en la tierra o en el agua de riego
  • Planta alargada y pálida, con estructura débil -> falta de luz que obliga a la planta a buscarla alargándose con un desarrollo rápido mal consolidado
  • Desarrollo asimétrico o retorcido -> Luz predominante de un sólo lado o con obstáculos físicos o proximidad en contacto con otras plantas
  • Plantas jóvenes con poco crecimiento, poco desarrollo de las raíces y puntas de las hojas amarillas -> carencia de fósforo en el sustrato
  • Crecimiento escaso o muy lento -> carencia de nitrógeno en el sustrato
  • Crecimiento nulo con amarilleamiento en hojas y caída de éstas -> calcio en la tierra o en el agua en plantas que requieren sustratos y aguas con Ph ácido
  • Hojas amarillas y/o quemadas -> Exposición a sol directo en plantas no aclimatadas o heladas en invierno
  • Hojas con puntas secas -> Ambiente seco y/o falta de riego
  • Hojas con palidez en la coloración de las hojas -> falta de luz
  • Amarilleo rápido de las hojas -> clorosis hídrica
  • Hojas marrones y acartonadas -> exceso de abono
  • Ennegrecimiento de las hojas empezando por las más antiguas – > exceso de riego
  • Raíces podridas -> riego excesivo o estancado

 

Echando un vistazo rápido a estas tres relaciones de síntomas, podemos ver en un porcentaje elevado las causas se deben a problemas en la nutrición y el cuidado de las plantas, algo que depende de nosotros. Lo más grave es que  en muchas ocasiones esto tiene como consecuencia que las plantas sean más propensas a enfermar y por desconocimiento acaben muriendo.

De ahí la importancia de la prevención no sólo de las enfermedades por aplicación de insecticidas y fungicidas, de los que hablamos en el artículo “En qué consisten los tratamientos fitosanitarios”, sino también de darle a las plantas las mejores condiciones ambientales, nutricionales y de riego para que éstas se mantengan fuertes y de las que ya hablamos en los artículos sobre donde ubicar las plantaslos aspectos a tener en cuenta en el riego, o el abonado de las plantas.

Teniendo en cuenta estas sencillas pautas minimicemos el riesgo de que nuestras plantas sean atacadas por parásitos ya sean insectos, hongos y en general cualquier elemento nocivo para nuestras plantas.

dic 312013
 

En el artículo sobre los productos fitosanitarios, hablamos de sus características, principios activos y de cuáles eran los más adecuados para cada plaga. Ahora bien, de cara a su aplicación, esta puede estar condicionada a diversos factores tanto climáticos como a la propia naturaleza de las plantas que vamos a tratar. El conocimiento de dichos factores es básico a la hora de conseguir que el tratamiento sea efectivo:

Tipo de planta

Dependiendo del tipo de planta, la dificultad que encontremos a la hora de mojarla y su nivel de desarrollo podremos emplear un tipo de producto u otro y elegir entre diferentes métodos de aplicación.

Condiciones climáticas

El clima es un factor decisivo a la hora de realizar un tratamiento, condicionando su eficacia e incluso su toxicidad hacia el cultivo. Existen una serie de recomendaciones que deberemos seguir para evitar problemas causados por las condiciones climáticas.

Se deben evitar los tratamientos con lluvia o previsión de lluvias ya que el lavado del producto aplicado hará que perdamos casi totalmente la eficacia del tratamiento.

Ante temperaturas elevadas prestaremos especial atención al empleo de productos tóxicos por inhalación, ya que aumenta su volatilidad. Tampoco aplicaremos con aceites, ni espolvorearemos con azufre, ya que puede quemar las hojas.

En el caso opuesto de temperaturas bajas, no aplicaremos compuestos a base de cobre, ya que pueden resultar fitotóxicos.

En cuanto al viento, no aplicaremos espolvoreo ni atomización en presencia de vientos, aunque sean suaves (más de 15 km/h). Si las rachas de viento son más fuertes (más de 25 km/h) no es recomendable realizar tratamientos aéreos por la deriva del producto.

dic 052013
 

Abonar es a andar como fertilizar es a caminar, en conclusión, lo mismo. Es decir, en ambos casos estamos hablando de aportar al sustrato los nutrientes que la planta necesita para su adecuado desarrollo, en definitiva darles de comer.

Pero conviene aclarar esta no diferencia, ya que a veces se confunde el abono con el sustrato, puesto que éste suele venir sutilmente abonado, y por fertilizar si que se entiende efectivamente dar de comer a las plantas.

Y es que abonar/fertilizar no sólo es conveniente, sino necesario. El sustrato normalmente o bien no lleva nada de materia orgánica como es el caso de la fibra de coco, o bien lleva alguna aportación mínima que tiende a ser consumida en muy poco tiempo, como la turba. Si no hacemos aportes de nutrientes, la planta también se va desarrollando porque evidentemente la regamos, pero si la comparáramos con otra exactamente igual con los mismos cuidados pero además abonada convenientemente, observaríamos notables diferencias.

Por tanto, vista la necesidad de abonar, ahora se nos plantea la cuestión de cómo hacerlo.

Sin querer entrar en demasiada profundidad técnica en las necesidades de los diferentes nutrientes que necesita una planta, digamos por simplificar que necesita aporte de 13 elementos que se dividen en 6 macro elementos (nitrógeno, fósforo, potasio, calcio, magnesio y azufre) y de 7 micro nutrientes (hierro, manganeso, Zinc, cobre, molibdeno, Boro y cloro). Estos últimos normalmente se requieren en muy poca cantidad.

Los abonos comerciales normalmente llevan una combinación de macro elementos en mayor concentración y dependiendo de su calidad, también una menor concentración de micro elementos. Estos abonos se suelen identificar por su concentración en nitrógeno (N), fósforo (P) y potasio (K). De ahí que venga el nombre de los fertilizantes N-P-K que mediante 3 números, que indican el porcentaje que tienen de cada macro elemento.

Por poner un ejemplo visual, a continuación se muestran  imágenes de varios sacos de fertilizantes con distintas combinaciones de elementos:

Nitrofoska npk palmspace Nitrofoska npk palmspace 1 Scotts agrolution palmspaceScotts osmocote palmspace

Como se observa en las imágenes, son abonos de diferentes marcas, algunos de ellos en forma de grano de liberación lenta como el nitrofoska que dura entorno a 45 días, o de liberación muy lenta (los hay con duraciones de hasta 16/18 meses) y  otros en polvo que se dosifican con el agua de riego, pero todos identificados por la numeración NPK que informa de la cantidad de nitrógeno, fósforo y potasio que poseen.

Esta numeración tiene su importancia en función del tipo de cultivo que vamos a abonar, ya que cada elemento ejerce una función diferente sobre las plantas:

  • Nitrógeno para estimular el crecimiento rápido de la plata
  • Fósforo para estimular el desarrollo del sistema raticular de la planta.
  • Potasio para estimular la floración

Sin embargo vemos que hay abonos con fórmulas totalmente equilibradas (que no quiere decir que sean los más adecuados) hasta fórmulas con un nivel elevado de nitrógeno o de potasio. No vamos a entrar aquí a valorarlas, puesto que el fertilizante a emplear depende de cada tipo de planta e incluso de la época del año.

Por ejemplo, en la fase de floración será importante aportar un abono con un índice de potasio más elevado del tipo 12-12-17 y en la época de crecimiento aportar un abono con mayor porcentaje de nitrógeno del tipo 20-5-5, pero antes de ello será conviene asesorarse bien en función del tipo de cultivo que queramos abonar.

Nosotros en nuestros viveros, utilizamos varios productos para el abonado de las palmeras, pero principalmente utilizamos un abono de  liberación muy lenta(16/18 meses) con una composición 15-8-11 + 2MgO, muy equilibrada pero con algo más de nitrógeno para darle más vigor a la planta y con microelementos para que las palmeras no tenga ninguna carencia.

Everris osmocote palmspace

Estos abonos última generación permiten “olvidarse” de las necesidades nutricionales de la palmera ya que liberan más durante las épocas de más calor que es cuando la palmera realmente necesita más energía y menos cuando hace frío, donde liberan muy poco abono. Esta es la mayor diferencia con el abono convencional que se libera en función de la cantidad de agua con que se riega a la planta además de durar no más de 2 meses. Ese es uno de los motivos por los que puedan llegar a costar hasta 3 ó 4 veces más.

oct 152013
 

Evidentemente cada cultivo, planta, árbol, palmera, requiere un tamaño adecuado de maceta en función de su desarrollo vegetativo. No vamos a entrar en este tema porque sería bastante complejo y variado. Sin embargo si vamos a tratar de explicar la importancia de elegir el tamaño adecuado para el crecimiento de nuestras plantas y no caer en el error de saltar demasiados pasos en el tamaño de la maceta. Es por ello que decimos que el tamaño de la maceta si que importa.

¿Por qué?

Lo explicaremos con un ejemplo de cómo se gestionan los trasplantes en los viveros. Poniendo el ejemplo de las palmeras, están surgen de la germinación de una semilla que una vez germinada se coloca en un semillero. Los semilleros son bandejas llenas de huecos a modo de mini macetas donde lo habitual es ponerlas en bandejas de 40 semilleros (aunque depende de la especie) que suelen tener unos 200 centímetros cúbicos de capacidad, algo menos que el equivalente aproximado de una vaso de agua. En condiciones normales pasa un año, la palmera enraíza y se trasplanta a una maceta del 12 o el 14, que nos indica el diámetro de ésta y que tiene un volumen aproximado de entre 1 y 1,5 litros. Pasados uno o dos años dependiendo del ritmo de crecimiento y enraizamiento se pasa a un tamaño del 20 ó 22, equivalente a unos 5 ó 7 litros. Vuelven a pasar otro par de años y entonces ya se puede saltar a tamaño 30 ó 35 yéndonos a unos 17 ó 24 litros de capacidad, y así sucesivamente. No existe una norma fija, pero saltar a un volumen de maceta unas 3 veces en volumen puede ser razonable o incluso a un volumen algo menor.

Tamaños de macetas utilizadas en viverismo

Tamaños de macetas utilizadas en viverismo

De hecho si hubiéramos tomado dos plantones idénticos y a uno lo hubiéramos trasplantado directamente a la maceta de mayor tamaño y el otro lo hubiéramos trasplantado sucesivamente en distintos tamaños, el resultado seria que la que ha recibido sucesivos trasplantes es una planta con más consistencia y con mayor capacidad de crecimiento que la primera.Pues muy sencillo, porque para empezar la planta no habría crecido más rápido y en segundo lugar no tendríamos una planta tan sólida como la que ha ido consolidando el cepellón en sucesivas capas.

Esto tiene su explicación lógica. Cuando las raíces de las plantas tocan las paredes, van dando vueltas alrededor de la maceta lo cual hace que las raíces se encuentren mejor aireadas que si están dentro del cepellón. Por otro lado se consolida su sistema radicular. Evidentemente dentro de un orden, pues si dejamos demasiado tiempo la planta en la misma maceta y sus raíces ya la han ocupado completamente, en ese caso si que se ralentizaría su crecimiento al no poder desarrollar más raíces.

Por otro lado también hay un tema adicional de eficiencia en el abonado. Si tenemos una planta pequeña en una maceta muy grande donde sus raíces ocupan no mas del 5 ó 10 % del volumen de la maceta y estamos abonando, el abono se repartirá entre todo el sustrato de la maceta, mientras que la planta sólo podrá absorber el que esté cerca de sus raices, quedando el resto sin uso.

Conclusión, si no hay mas remedio se puede trasplantar con grandes transiciones, pero si es posible, mejor hacerlo progresivamente, conseguiremos plantas más resistentes y vigorosas.

 

oct 152013
 

Otro gran dilema !!!!

Hace ya algún tiempo compré una planta, me he preocupado de cuidarla bien, ubicarla en un sitio adecuado y hasta he podido resistir la tentación de regarla sin parar salvándola de un final asfixiante. He sido capaz de hacer  todo eso y por lo tanto está más crecida y ya va pidiendo trasplante, porque las raíces han ocupado todo el cepellón. Llegó por tanto el gran momento de su trasplante.

En otro artículo hablamos sobre el tamaño más adecuado para el trasplante, pero en este nos ocupamos del sustrato que debo aportar a la nueva maceta para que nuestra planta, palmera, arbusto, etc., mantenga en mismo vigor y siga creciendo sana y fuerte.

Hay que tener en cuenta que el sustrato es el medio sobre el que plantas desarrollan sus raíces, actuando como medio de anclaje  y como fuente de nutrientes. Por lo tanto el asunto también tiene su miga, ya que todos los sustratos no actuan de la misma manera.

Turba, arena, fibra de coco, estiércol, compost, mantillo, perlita, etc., son sólo algunos de los tipos de sustrato que bien solos o mezclados se utilizan habitualmente.

Y se suelen mezclar principalmente porque cada uno tiene unas propiedades complementarias. Por ejemplo el mantillo, compost, turba, son ricos en materia orgánica y tienen una muy buena capacidad de retención de la humedad, pero en consecuencia son más propensos a que el agua quede retenida y a que se produzcan encharcamientos. Por ello se suelen mezclar con arena o con fibra de coco que si bien no aportan nutrientes, si que airean el sustrato y de esa manera se mejora la estructura del mismo.

De hecho, es más importante que el sustrato tenga una buena estructura que una buena riqueza de origen.

 

¿Por qué es importante la estructura del sustrato?

Pues porque la estructura no se puede modificar mientras que la riqueza se puede mejorar con abonados. No hay nada peor que utilizar sustratos que tienden a apelmazarse cuando se secan, lo que produce que las raíces no se puedan desarrollar adecuadamente.

Por otro lado si utilizamos sustratos más aireados aunque no tan ricos en nutrientes, las raices tendrán mucha más facilidad para crecer lo que contribuirá a un mejor desarrollo de la planta. Y cómo mejoramos los nutrientes, mediante abonados periódicos. Por ejemplo, nosotros utilizamos fibra de coco como sustrato de nuestras palmeras y resto de especies, y las aportaciones de nutrientes las hacemos mediante el aporte en el trasplante de abonos de liberación lenta de hasta 16/18 meses que se mezclan con el sustrato. De esta manera nos aseguramos una buena aireación y drenaje y un aporte adecuado de nutrientes durante un periodo de tiempo bastante largo. Estos abonos no son baratos pero aseguran una buena aportación de nutrientes a lo largo del ciclo de crecimiento, ya que liberan más nutrientes cuando la temperatura es más elevada y por tanto la palmera necesita más energía, y menos durante los meses más fríos. Precisamente en hablamos de este tema en otro artículo.

Otro factor a tener en cuenta es la acidez del sustrato. La acidez se mide mendiante el Ph que es una medida que adquiere valores desde el 0 (máxima acidez) al 14 (mínima acidez) siendo el 7 el nivel de Ph neutro. Las plantas en general viven en tierras que oscilan entre el 4 y el 8 y la mayoría entre 6 y 7, es decir, con una cierta tendencia a entornos ácidos.

Por ejemplo las palmeras, salvo excepciones, se comportan muy bien en sustratos ligeramente ácidos, con Ph entre 6 y 7. Sin embargo otras especies como las Hortensias y Gardenias prefieren sustratos muy ácidos con Ph entre 4 y 4,5. Menos acidez (Ph entre 5 y 6) requieren especies como Begonias, Ficus y Brezo. Circulan tablas por internet  y sobre todo en publicaciones especializadas con el nivel de acidez que requieren la mayoría de las especies comunes.

 

¿Cómo mido la acidez del sustrato?

Toda esta explicación está muy bien pero de poco sirve si no tenemos herramientas para medir la acidez del sustrato y ser capaces de corregirla.

Para medir el Ph del sustrato hay varios métodos, desde más caseros hasta más profesionales, todos ellos descritos en un artículo específico de nuestro blog.

 

¿Y cómo corrijo el nivel de acidez?

Hay también sistemas sofisticados y productos químicos que configuen corregirlo, pero los métodos más sencillos son los siguientes:

  • Para bajar el Ph a un nivel ácido, aportaremos materia orgánica o estiércol en su caso. Éstos, en su descomposición tiene una reacción ácida y sobre todo se puede adquirir en cualquier centro de jardinería. La turba rubia por ejemplo, tiene pH 3,5, y mezclado con el sustrato conseguiremos reducir el Ph. Otros métodos consisten en aportar sulfato de hierro o azufre o incluso directamente compensarlo en el agua de riego aportando ácidos nitrogenados o fosfóricos.
  • Para subir el Ph, las enmiendas se realizan en base a óxidos e hidróxidos de cal, carbonatos cálcicos (calizas) o directamente con sulfato cálcico, es decir, con yero.

La corrección del nivel de acidez es importante porque de ello depende que la planta absorba los nutrientes que hay disponibles ya sea de forma natural en el sustrato o mediante abonados adicionales.

 

¿Y si no me quiero complicar la vida con tanta medición y corrección?

Pues entonces aquí tienes una combinaciones de turba con mantillo y arena en proporción 2-3-1 que se puede considerar como un estándar en el que generalmente todas las plantas se desarrollan adecuadamente.

Turba

Turba

Fibra de coco prensada

Fibra de coco prensada

Fibra de coco hidratada

Fibra de coco hidratada

Estiercol

Estiercol

Compost

Compost

Perlita

Perlita

 

oct 122013
 

Muy buena cuestión y no tan sencilla de responder pero si muy importante, pues de todos los factores que afectan al éxito de tener una planta en perfecto estado, vigorosa y sana, sin duda el más importante (pero no el único) es su ubicación. Y cuando decimos ubicación nos referimos evidentemente a dónde la colocamos, pero ello implica su ubicación, que orientación va a tener, que cantidad de luz, temperatura, humedad, ventilación, etc.

Factores colocacion plantas palmeras palmspace

Ubicación. Es muy importante conocer las necesidades que tiene cada planta en cuanto al lugar que debe ocupar y si disponemos del entorno adecuado para ella. Esto es, si se adapta bien a condiciones interiores probablemente con poca ventilación y cierta falta de luz o si requieren estar en exterior. En el entorno de las palmeras, algunas requieren una exposición directa al sol para que puedan desarrollar toda su belleza, como es el caso de la braeha armata, mientras que otras como la howea fosteriana resultan de mayor belleza cuando están en interiores en estadios jóvenes, si bien cuando se aclimatan a exteriores su desarrollo y belleza es mucho mayor. Sin embargo el hecho de estar en exterior o interior tiene principalmente unas connotaciones de temperatura. Hay muchas plantas y palmeras que no resisten heladas por lo que si estamos en un clima donde en el invierno pueden darse algunas heladas, aunque sean ocasionales, pueden acabar con ellas. Otras sin embargo prefieren estar al exterior pero protegidas de vientos, por lo que son ideales para patios interiores. Es por tanto muy importante conocer de antemano la resistencia al frío que tiene cada una de nuestras plantas y sus necesidades de insolación.

Orientación. A las plantas en general y a las palmeras en particular, no sólo la agradecen, sino que necesitan mucha luz, especialmente en la época del año de más calor que es cuando tienen un mayor desarrollo. Por eso es importante colocar las plantas próximas a las ventanas y preferentemente en orientación sur, ya que de esta manera, recibirán muchas más horas de sol directo. Sin embargo no todas las plantas necesitan sol directo e incluso puede llegar a ser perjudicial para ellas. Por ejemplo una howea fosteriana (kentia) joven sometida a luz directa dará como resultado la quemazón de sus hojas, al menos hasta que con el tiempo se aclimate. La mayoría de palmeras necesitan bastante luz, por lo que no es aconsejable ponerlas en orientaciones norte donde la falta de sol y por tanto menor cantidad de luz hará que su desarrollo no sea el adecuado.

Luz. ¿Intensa, difusa o suave? Cada planta tiene unas necesidades de luz y de sol directo. En el caso de las palmeras prácticamente todas requieren estar ubicadas con mucha luz y preferentemente con luz directa, aunque no todas responden a este patrón. Por ejemplo, las que tiene la hoja de color verde azulado como Braeha Armara, Nannorrophs Ritchiana Silver, Bismarkia Nobilis, etc., si deben estar al sol si queremos que desarrollen ese característico color azulado. En el resto de los casos preferentemente al sol, aunque cuando las palmeras son jóvenes no es conveniente que estén expuestas todo el día al sol.

Temperatura. Las plantas necesitan una temperatura mínima para sobrevivir y unas temperaturas cálidas para poder desarrollarse adecuadamente. Esta limitación la tienen más las plantas que situamos al exterior, ya que las de interior lo normal que su temperatura oscile entre los 20 y 25 grados a lo largo del año. En cambio las de exterior dependiendo de la zona tendrán que soportar temperaturas bajo cero. En ese caso lo recomendable es buscar especies que soporten como mínimo unos grados menos que la temperatura más baja que se pueda registrar. Por ejemplo en zonas costeras  deberían plantarse en intemperie y sin protección palmeras que soporten al menos 5 ó 6 grados bajo cero ya que en ocasiones se pueden llegar a alcanzar esas temperaturas. De mismo modo en interior deberían plantarse palmeras con una resistencia de al menos 10 ó 12 grados bajo cero e incluso más bajo, dependiendo del lugar.

Humedad. Esto afecta sobre todo las plantas de interior donde los ambientes suelen ser más secos por motivo de aires acondicionados y calefacciones y cuando las especies requieren mayor humedad no queda más remedio que humectar la planta periódicamente con un pulverizador, o bien instalando un humectador que eleve la humedad relativa de la vivienda. Hay que tener la precaución de no pulverizar ni mojar con agua las plantas que se encuentren en floración. No obstante, con una humedad en torno al 50% es suficiente para la mayoría de las plantas.

 

 

oct 112013
 

El agua, fuente de vida, también puede matar, y en ocasiones con mayor frecuencia de lo que nos pensamos. Esta frase dicha así, puede parecer algo exagerada, pero la realidad es que nuestras plantas se mueren más por un exceso de agua que por no regarlas.

Los seres humanos bebemos cuando tenemos sed. Los animales domésticos beben cuando les damos de beber, pero ellos deciden dejar de hacerlo cuando se han saciado. En cambio las plantas, especialmente las que están en maceta, no tienen ninguna capacidad de decisión. Dependen completamente de nosotros y de la cantidad de agua que decidamos echales. El asunto es que cuando las regamos en exceso, no pueden decidir salirse de su maceta y darse una vuelta hasta que se les seque el cepellón. Simplemnete absorberán el agua que puedan y si el sustrato sigue encharcado, lo más probable es que sus raíces se asfixien y puedan acabar muriendo, especialmente si el sustrano no drena bien.

Dicho esto y entrando en materia, el riego es uno de los factores más importantes a la hora de mantener nuestras plantas sanas y con un buen nivel de crecimiento.

¿A cuántos nos ha pasado ver nuestras plantas echarse a perder sin saber muy bien que es lo que pasaba y para tratar de salvarlas seguíamos regándolas sin parar? Y volvíamos a comprar nuevas plantas y de nuevo el mismo error. Echábamos agua y más agua sin darnos cuenta de que lo que precisamente estábamos haciendo era precipitar la muerte de la planta. Regar es por tanto un arte que se rige por unas normas muy básicas pero que requiere de unas técnicas sencillas que se han de aplicar con un cierto rigor.

De hecho, uno de los factores principales en la conservación de las plantas, sin duda es el riego. Como apuntábamos antes, todos conocemos muchos casos de palmeras y plantas en general que han tenido un mal final, principalmente por un exceso de riego. Y es que de los casos de mortalidad de las plantas, probablemente uno de los más frecuentes es el exceso de riego.

Analizando los síntomas de sequedad y exceso de humedad son similares, existen algunos indicios que nos pueden avisar de qué es lo que le está pasando a la planta.

Cuando una planta tiene falta de riego, ésta pierde en vigorosidad y aspecto, sus hojas de pliegan y tienden a encogerse, principalmente las más recientes, pasando a un proceso de amarilleamiento y descuelgue de la estructura principal de la planta. Cuando se detectan estos síntomas es posible recuperar la planta si el proceso no ha llegado demasiado lejos. Esto se conseguirá de forma progresiva con riegos frecuentes pero no demasiado abundantes, de forma que evitemos pasar de una situación de sequia total a encharcamiento, lo que le ocasionaría probablemente su muerte definitiva.

En el otro extremo está precisamente el problema del encharcamiento o exceso de riego. Este es más peligroso que el anterior y más difícil de resolver si no lo detectamos a tiempo. Éste se puede producir bien cuando la maceta tiene obturados los orificios de salida del agua, o bien cuando la planta está en una maceta con sistema de autoriego y hemos llenado el depósito por encima del límite indicado. En este caso, el agua estancada en el fondo puede llegar a producir la asfixia de las raices, y consecuentemente su putrefacción. La solución en este caso es sacar el cepellón de la maceta para que se seque o pasar el cepellón a otra maceta más grande con sustrato seco para que éste absorba el exceso de humedad.

A diferencia de las situaciones de sequía, el proceso de amarilleamiento de las hojas empieza por las más antiguas (las de más abajo) tendiendo las hojas a adquirir un color más oscuro y casi negro (en el caso de las hojas de palmera). No hay que confundir estos síntomas con el color marron que adquieren las hojas en su proceso de envejecimiento por renovación natural.

Sintomas en palmeras por exceso de riego

Sintomas en palmeras por exceso de riego

Por lo tanto es importante a la hora de realizar trasplantes, realizar un buen drenaje en las macetas, y por supuesto vigilar la humedad del sustrato antes de realizar un riego, ya que tendemos a dar demasiada agua a las plantas como si de esa manera fuera a crecer más rápidamente.

Pero ……  ¿Cada cuanto he de regar mis plantas?

Esta es la eterna pregunta que no tiene una respuesta concreta ya que depende del tipo de planta, de las condiciones ambientales, la época del año, su ubicación, etc. Por ejemplo, hay palmeras como el falso cocotero (syagrus romanzoffiana) que le gusta muy bien regada, y ésto se nota en su crecimiento. Otras como la phoenix roebelini que adapta a las zonas pantanosas donde sus raices llegan a permanecer encharcadas permanentemente. En cambio otras necesitan que el sustrato se seque entre riego y riego, especialmente en invierno, como es el caso de la braeha armata. Por tanto este factor hay que tenerlo en cuenta cuando adquirimos un tipo u otro de planta o palmera.

Otro factor es el periodo vegetativo de cada planta. En la época del año que la planta no tiene desarrollo vegetativo (generalmente en los meses más fríos), el riego deber ser mínimo ya que la planta no absorbe agua y esta permanece mucho más tiempo retenida en el sustrato. Recordemos que el agua se consume por evo-traspiración, es decir, por la propia evaporación en el sustrato y por la transpiración de la planta, es decir, lo que ésta absorbe por las raíces y exuda por las hojas.

Dicho esto y considerando las condiciones ambientales, una norma “razonable” puede ser regar en verano aproximadamente cada semana y en invierno cada 2 ó 3 semanas. Ahora bien, si la planta está en interior, no le da el sol y tiene poca ventilación, incluso en verano el periodo de riego puede distanciarse hasta las 3 ó 4 semanas y en invierno prácticamente cada 2 ó 3 meses. Es por ello que al margen de estas reglas, es fundamental verificar la humedad del sustrato antes de cada riego.

De todas las reglas y normas, esta es la más infalible. Si el sustrato está poco húmedo o casi seco, regar. En caso contrario no. Y cuando se riegue, hacerlo con moderación. De hecho lo ideal sería regar un poco todos los días, al igual que lo hacen los sistemas de riego por goteo, pero eso nos llevaría demasiado tiempo si lo realizamos de manera manual. Así que una buena opción es regar cada 6 ó 7 días pero sólo aquellas macetas que lo necesiten. Y, cómo lo sabemos. Os damos unas pautas para averiguarlo, pero antes una advertencia, si vamos verificando la humedad de nuestra planta semana tras semana y vemos que permanece con el mismo nivel de humedad, PELIGRO !!!!, la planta no está absorbiendo nada de agua, probablemente el sustrato no esté bien ventilado y lo más probable es que esté encharcada y ya nos esté dando los síntomas que describimos antes.

Cuando regar macetas plantas palmeras palmspace

Volviendo a cómo detectar el nivel de humedad, existen varias técnicas. En entornos profesionales se cuentan con higrómetros que nos indican claramente el nivel de humedad en cada capa del sustrato, ya que aunque nos parezca que éste está seco, probablemente en su mitad inferior todavía esté bastante húmedo. El problema, que no son aparatos baratos, aunque si tenemos muchas plantas, probablemente sea una buena idea para asegurar su supervivencia y evitar que “se nos vaya la mano”.

En entornos domésticos hay varios trucos. Uno de ellos es evidentemente meter un dedo en el sustrato unos centímetros de profundidad  y verificar si está húmedo o seco. Si está húmedo dejaremos la maceta sin regar y pasados unos días volveremos a verificar el estado del sustrato. Si la maceta es de material ligero y no es muy grande, una buena regla es la de sopesarla. Cuando el sustrato está totalmente húmedo suele pesar bastante pero con el sustrato seco la podremos elevar con facilidad. La regla es fácil, si pesa poco regaremos, en caso contrario, no. Y por último y si el recipiente es pesado, normalmente de material cerámico, una alternativa es darle un golpecito con algún material rígido para ver el sonido que hace. Si el sonido es hueco, como cuando golpeamos una maceta vacía, es porque el sustrato está suelto y por tanto tiene poca agua. En cambio si el sonido es sordo, en ese caso el sustrato está todavía húmedo.

Y …  ¿Cuanta cantidad de agua echo?

Pues esto también depende, pero una norma aproximada podría ser el entre el 10% y el 20% del volumen de la maceta. Es decir, si la maceta tiene una capacidad de 10 litros, echaríamos entre 1 y 2 litros aproximadamente, dependiendo del nivel de sequedad que hayamos detectado en la planta, pero sin pasarnos. Recordad, es mejor quedarse corto de agua que pasarse, sobre todo en invierno.

En el caso de palmeras, plantas o árboles en tierra en vez de en maceta, los consejos son los mismos. En este caso es más “difícil” ahogarlas, pero si el terreno no está bien drenado, es posible que se produzcan embalsamientos subterráneos que puedan prolongarse y tener las mismas consecuencias.

Otros consejos útiles a la hora de regar son:

  • Se riegan con más frecuencia las macetas pequeñas que las grandes, ya que éstas tienen menor capacidad de retención de agua que las que tienen un mayor volumen.
  • Las plantas jóvenes también se han de regar con mayor frecuencia, básicamente para evitar que el sustrato se seque. Esto es aplicable en palmeras a aquellas que tiene menos de dos ó tres años de vida.
  • Las plantas más grandes también se deben regar más, dado que al tener mas envergadura y superficie foliar transpiran más y las raíces absorben más rápido la humedad de la maceta.
  • El riego se debe realizar evitando las horas de más calor del día y con agua a temperatura ambiente, evitando aguas frías o templadas.